Canto de peregrinación, Desde lo más profundo te invoco, Señor.
¡Señor, oye mi voz! Estén tus oídos atentos, al clamor de mi plegaria.
Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir?
Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido.
Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra.
Mi alma espera al Señor, más que el centinela la aurora, Como el centinela espera la aurora, espere Israel al Señor, porque en él se encuentra la misericordia, la redención en abundancia.
Salmo 11 - La Justicia De Dios, Motivo De Confianza
(Del maestro de coro. De David)
Yo tengo mi refugio en el Señor,
¿cómo pueden decirme entonces: "Escapa a la montaña como un pájaro, porque los malvados tienden su arco, y ajustan sus flechas a la cuerda, para disparar desde la penumbra contra los rectos de corazón? Cuando ceden los cimientos, ¿qué puede hacer el justo?".
Pero el Señor está en su santo Templo, el Señor tiene su trono en el cielo, sus ojos observan el mundo, sus pupilas examinan a los hombres.
El Señor examina al justo y al culpable, y odia al que ama la violencia.
Que él haga llover brasas y azufre sobre los impíos, y les toque en suerte un viento abrasador.
Porque el Señor es justo y ama la justicia, y los que son rectos verán su rostro.
¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen vanos proyectos?
Los reyes de la tierra se sublevan, y los príncipes conspiran, contra el Señor y contra su Ungido.
"Rompamos sus ataduras, librémonos de su yugo".
El Señor, defensor de su Ungido,
El que reina en el cielo se sonríe; el Señor se burla de ellos.
Luego los increpa airadamente y los aterra con su furor, "Yo mismo establecí a mi Rey, en Sión, mi santa Montaña".
Los privilegios del Rey, Voy a proclamar el decreto del Señor, Él me ha dicho: "Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy.
Pídeme, y te daré las naciones como herencia, como propiedad, los confines de la tierra,
Los quebrarás con un cetro de hierro, los destrozarás como a un vaso de arcilla".
Advertencia contra los rebeldes,
Por eso, reyes, sean prudentes; aprendan, gobernantes de la tierra, Sirvan al Señor con temor; temblando, ríndanle homenaje, no sea que se irrite y vayan a la ruina, porque su enojo se enciende en un instante.
¡Feliz el hombre, que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, sino que se complace en la ley del Señor, y la medita de día y de noche!
Él es como un árbol, plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan, todo lo que haga le saldrá bien.
No sucede así con los malvados, ellos son como paja que se lleva el viento,
por eso, no triunfarán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos; porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal.